Ante la crisis económica que nos invade, iniciada por la mala gestión de los activos de algunos bancos con las llamadas hipotecas subprime, los gobiernos y bancos centrales están planteando dos medidas de política fiscal para salir de esta situación: la bajada de los tipos de interés y que los Estados aumenten el gasto, sobre todo en forma de inversiones y obras públicas. Ahora bien, ¿son dos medidas acertadas?.
La desazón que tienen gobiernos y empresas para que el BCE o la Reserva Federal baje los tipos de interés viene de la creencia de que un tipo menor tendría el efecto de inducir a los bancos de abrir el grifo de los créditos y préstamos a sus clientes y éstos ante una mayor disposición de efectivo consumirían más reactivándose la economía.
Sin embargo como se podía leer de Pedro Schwartz en Expansión,
la relación entre el tipo oficial de BCE y el euribor y demás cargas a los prestatarios dista mucho de ser automática y directa. Así en el caso de Japón que aunque durante los años ochenta tuvo los tipos oficiales en cero, su economía no empezó a recobrarse hasta que la Administración no aplicó las medidas de estructurales correctas.Esto es debido en parte a que la tasa de interés que influye en la actividad económica es la tasa de interés real descontada la inflación, no la nominal. Si el interés de un banco carga por darnos un crédito un 5% y los precios de los bienes que consumimos esperamos que suban un 6%, el tipo de interés real será negativo. Por lo tanto, si una bajada de tipos de interés induce un aumento de precios, al precio de dinero habrá que sumarle esa tasa de inflación.
En una situación como la actual, con la inflación en tasas tan elevadas, no conviene jugar con los tipos de interés continuamente. Según Schwartz "El tipo de interés oficial tiene una significación ambigua: es una manera de racionar el crédito al sistema financiero para evitar que esas inyecciones de liquidez reanimen la inflación; y también puede ser una manera de reducir muy temporalmente el tipo de interés real para empujar las inversiones. Quizás la mejor manera de mantener estables los medios de pago del sistema sea la de inyectar liquidez en la banca durante breves periodos y retirarla al cabo de poco tiempo, cuando haya remitido la angustia."
El aumento del gasto público en inversiones es indudablemente más aconsejable que el aumento de gasto público para elevar los sueldos de alcaldes y presidentes como el último caso de Gallardón y compañía, o el derivado de redecorar y remodelar el coche -tunear- como en el caso de Ernest Benach. Ahora bien aún así, el primero tiene graves inconvenientes por todos conocidos como el efecto crowding-out, el déficit fiscal que genera o lo tarde que llegan las medidas tomadas. Pero esto ya es harina de otro costal.
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